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¿Pero entonces qué come el mexicano promedio?

¿Pero entonces qué come el mexicano promedio?

Cualquiera va a decir que la “dieta T” tacos, tortas y tamales, otros dirán, con base en la dieta “T” que puras porquerías. La cosa es que un mexicano promedio come para lo que le alcanza. Quizás huevos con frijoles o jamón a la mañana, comida corrida por la tarde o guiado que le puso la mujer. Tal vez nada tal vez solo alcanzó para un coca y un gansito, como hacen muchos albañiles para soportar el rayo del sol, entre otros trabajadores, cuando no alcanza para más. De cajón una vez al día cada mexicano, en promedio, como huevos. ¿Hacen daño? ¿Quién sabe? Pues dicen los vegetarianos que sí, algunos de ellos tiene el suficiente dinero para ir a un nutriólogo y que les expliqué que es mejor para ellos. Pero hay quienes no, se llaman las mayorías, mexicanos promedio como uno que come tiene que comer tacos tres veces a la semana porque el gas se terminó hace una semana y aún no alcana para comprarlo. ¿Con estos salarios cuándo?

¿Pero entonces cuánto gana un mexicano promedio?

Poco, luego de la Reforma laboral, menos, porque se vino el outsourcing y con él el trabajo en negro por el que pagan 5 pesos para cada día que claro no alcanzan para nada. He mencionado en otras entregas que el salario mínimo es apenas de 73. 05 pesos, cuando nada más del gasto de pasajes de una persona que vive en la periferia, las mayorías que trabajan en las fábricas y en los centros de atención a clientes, es de 30 pesos por persona. Ojalá no tengas hijos sino la cosa se pone dramática, ojalá no se te antoje un helado porque ya se jodieron las cuentas. Porque el costo de la vida no tiene paridad con el poder adquisitivo de la mayoría, porque no alcanza para mucho.

¿Pero entonces en qué se divierte un mexicano promedio?

En la televisión. En esos programas refrito de otros programas que repiten hasta el hartazgo los mismos chistes con que se entretiene la gente cuando tiempo para hacerlo. Porque es un hecho que en la Ciudad de México (CDMX) como en otras ciudades del país lo que menos queda es tiempo para divertirse para las mayorías. Ya han aparecido investigaciones y reportaje que documentan todo el sufrimiento que se invierte para poder ir y regresar de la casa al trabajo y viceversa. Pero poca gente va a los museos porque son caros, es decir no son gratos todos los días, como si la cultura no debiera ser patrimonio de todos y todas. En general el tiempo que debía ser dedicado al esparcimiento se queda entre el transporte o en el sueño, porque cansa cruzar CDMX para poder seguir vigentes.

¿Pero entonces dónde vive un mexicano promedio?

Vive en las periferias de cualquier lugar, lejos de lo centros neurálgicos, como el que escribe, vive hacinado, con sus papás, abuelos. Gentrificado dicen algunos teóricos. Vive en los barrios donde se comen tacos y tortas a todas horas porque no se tiene una cultura del buen comer. Vive donde la mujer es un objeto de la que se hace alegoría en las letras de reggaetón mientras se inhala activo, al que le llaman monas, la droga de moda entre la juventud en las zonas más golpeada por la desigualdad. Vive ahí porque no tiene a donde ir porque en CDMX nunca ha existido una política sería que administre el espacio. Vive pues donde le tocó vivir, como dice la periodista Cristina Pacheco.

¿Pero entonces, en qué se emplea un mexicano promedio?

En dónde den trabajo. Para ganar 1000 o 1200 pesos a la semana cualquier trabajo es bueno-El punto es no quedarse sin nada. Aunque 1000 o 1200 pesos a la semana no sean nada en CDMX o Ciudad Monstruo como le llama mis amigas de Ciudad Juárez. Trabajo pues de chalán, mesero, telefonista, policía. O simplemente se hace comerciante, vende de todo tenis, ropa, zapatos, comida, chicles, dulces, droga. Lo que sea. Con tal de llevar el pan a casa. Mientras otro mexicanos que no son las mayorías comen y visten bien. Otros mexicanos y mexicanas pasan las de Caín, como decimos acá, para seguir trabajando para tratar de hacer una vida que les permita seguir trabajando para vivir.

La reflexión es secuela de un artículo anterior donde mencioné que de camino al trabajo escuché la conversación de dos mujeres que se compartían lo que todo sabemos, que el costo de la vida no se cubre con un solo trabajo, que todo está carísimo, que de pocos es la oportunidad para ir a un restaurante en familia sin que esto represente una amenaza al gasto familiar semanal. Comer aquí en CDMX es cada vez más caro, lo gritan los letreros de las fondos donde de cinco en cinco pesos el precio va aumentando sin que nadie lo pueda parar “porque ya subió el huevo la tortilla, joven” y pues bueno hay que comer.

En fin, son cosas de la vida, dirá una mujer que hace “talk shows” y que es de masas, ahí se enseña a que lo que todo lo que nos pasa son coas de la vida y dice bien pero desafortunadamente no explica las causas de fondo. Así por un lado a televisión y por el otro los aumentos van fundiendo cualquier destello de crítica del mexicano promedio, ese que Samuel Ramos llamara en los inicios del siglo pasado, “el pelado” y que más tarde Octavio Paz va a denominar como el hijo de una gran violación. Ambos, Ramos y Paz, a tono con su clase, como hoy en día hacen esos ”teóricos” que llaman “nini” a la juventud porque, según ellos, ni estudian ni trabajan, pero lo que no dicen es que en CDMX y en al país ni hay trabajo bien pagado para las mayorías ni hay escuelas suficientes para todos y todas. Y así el mexicano promedio termina siendo la comidilla de los intelectuales y estadistas que escriben y publican sus obras desde las nubes.

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